Ahora, ¿cómo lo motiva el amar por fe a participar en la evangelización personal y a contribuir en el cumplimiento de la Gran Comisión?
Cuando usted comience verdaderamente a amar a Dios por fe, con todo su corazón, con toda su alma, con toda su mente y con todas sus fuerzas y cuando ame a su prójimo como a usted mismo, comenzará a ver a la gente como Dios la ve, como personas de gran valor, como aquellos por quienes Cristo murió. Como resultado, seremos motivados por el mismo amor que constreñía al apóstol Pablo, quien dijo, "amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre".
El amor, el gran amor de Dios, hace que la Gran Comisión se constituya en un privilegio y en una responsabilidad personal. Cuando los no-cristianos observan que los creyentes no sólo dicen que se aman entre sí sino que también lo demuestran a través de sus acciones, ellos, como sus congéneres del primer siglo, se maravillarán de ver "cómo se aman mutuamente" y serán guiados a recibir y a adorar a nuestro Salvador junto con nosotros.
¡Cuán emocionante es tener un poder así dinámico y gozoso, y disponible para nosotros! Y todo viene de nuestro amoroso Salvador, Jesucristo, quien le promete claramente en Su palabra todo lo que usted necesita. Usted no debe sólo esperar, ni sólo desear, ni sólo querer. Usted puede pedir este amor por fe, ahora mismo, basándose en el mandato de Dios de amar, y en base a su promesa de responder cualquier cosa que usted pida conforme a Su voluntad.
Por qué no hace oración de esta manera: "Señor, Tú nunca me hubieras ordenado amar, sin capacitarme para hacerlo. Por lo tanto, ahora mismo y basándome en la autoridad del mandamiento que me das de amar y en la autoridad de Tu promesa que me wgura que respondd si pido algo conforme a Tu voluntad, pido Tu amor, el amor de 1 Corintios 13, para amarte a ti, para amar a las demás personas, y para aceptarme y amarme a mi mismo. Amén".