Cómo puede usted experimentar la aventura de dar
 

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Experimentando la aventura

Disfrutando de las abundantes bendiciones de Dios

El dar por fe es un emocionante privilegio dado por Dios. Cuando usted honra y alaba a Dios a través de un compromiso y de su obediencia en la mayordomia, El lo inunda de gozo. El convierte el acto de dar en una aventura emocionante en la vida cristiana.

¿Le gustaría disfrutar de tal experiencia?

Permítame compartirle seis pasos que usted puede dar para apropiarse de las bendiciones abundantes de Dios, a través de una mayordomía fiel.

1. Reconozca que todo lo que usted posee realmente le pertenece a Dios
Todo lo que tenemos, es nuestro únicamente por la gracia de Dios. Todo le pertenece a El. El salmista escribió, "De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo y los que en él habitan." El derecho de propiedad de Dios es eterno e invariable. El nunca ha renunciado a sus derechos como dueño, ni lo hará jamás.

Como mayordomos cristianos debemos reconocer que en Cristo "vivimos, y nos movemos y somos". Jesucristo nos creó. El nos compró con su preciosa sangre. Y Dios lo ungió como nuestro Señor. Por lo tanto, el todo de nuestra vida - nuestra personalidad, influencia, sustancia material, todo - es suyo, aun nuestros éxitos. Dios nos ha confiado cierta cantidad de tiempo, una serie única de talentos y bienes suficientes para cumplir Su voluntad para nuestras vidas. Nuestra tarea como mayordomos fieles es administrar esas bendiciones para glorificar Su nombre.

2. Comprenda que hay más bendicion en dar que en recibir
El libro de los Hechos registra las Palabras del Señor Jesús, "Más bienaventurado es dar que recibir". Esto lo escuché primero siendo un niño, luego como un agnóstico y más tarde como un joven cristiano. Pero yo no podía comprender cómo el dar podía ser mejor que el recibir. Después de ser cristiano por muchos años, apenas ahora comprendo realmente, por mi propia experiencia y observando a otros, por qué hay más dicha en dar que en recibir.

Dar produce abundancia. Cuando usted da voluntariamente de sí mismo y de sus posesiones como una expresión material de su obediencia espiritual a Cristo, Dios en recompensa suple sus necesidades abundantemente. Esto es verdad, sea usted rico o pobre, ya sea que sirva a Dios en un lugar bendecido con gran abundancia material o en una parte del mundo aquejada por el hambre. El apóstol Pablo escribe:

Pero esto digo: el que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra.

Y el que da semilla al que siembra y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios".

La mayoría de los cristianos no hemos aprendido a dar, ya sea en su abundancia o en su pobreza, y por este motivo, no están experimentando la realidad de esa promesa. Como resultado se sienten vacíos y no comprenden por qué.

Usted nunca puede dar más que Dios. Es ley de Dios que Sus bendiciones sean más abundantes de lo que usted le da a El.

Las verdades de la Palabra santa e inspirada de Dios son universales. El principio de la bendición abundante no sólo es para las personas ricas y famosas o para quienes viven en una tierra de riquezas y oportunidades; es para todos los que obedecen a Dios y siguen los principios dados en Su palabra. Compartiré más sobre esto en las próximas páginas.

El dar inicia y completa el circulo del gozo. Dios da; usted recibe. Usted da; El recibe. El entonces multiplica su regalo devolviéndoselo en forma de provisión adicional. Es importante recordar que es Dios quien inicia este proceso de bendición. El propósito de la devolución no sólo es premiarlo por dar, sino incrementar su habilidad para dar más, y así completar el círculo una y otra vez.

Aunque Dios posee toda la riqueza del universo, son pocas las personas que están dispuestas a compartir algo de los recursos que El les ha confiado. Cuando alguien comienza a dar, Dios libera para ellos abundancia adicional para que puedan dar aún más. Si nosotros interrumpimos este proceso, al principio, cuando recibimos los bienes, Dios probablemente buscará a alguien más en quien pueda confiar y por medio del cual pueda canalizar Sus bendiciones. El libro de Proverbios nos recuerda:

Hay quienes reparten, y les es añadidio más; y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado.

Mi buen amigo Don Preston se considera una persona normal. A los doce años, él encontró su primer trabajo en un pequeño almacén a donde iba después del colegio. Desde el comienzo, él daba por lo menos 10% de sus ingresos para la obra del Señor. Durante años, Don trabajó duro, y Dios lo bendijo abundantemente.

Se casó joven, y él y su esposa criaron a sus tres hijos mientras Don avanzaba en su carrera. A los 29 años, después de once años de administrar la sección de alimentos en un supermercado, Don comenzó su propio negocio de venta de alimentos al por mayor y al menudeo. En ese tiempo, junto con su esposa e hijos tomaron la decisión familiar de darle al Señor por lo menos 15% de sus ganancias anuales equivalentes a $6.000.

Dios comenzó a incrementar sus ingresos inmediatamente de $6.000 a 21.000, luego a 37.000, 62.000, 85.000, 100.0000 y cada año aumentaba más.

"Quince años después nosotros vendimos el negocio de carnes a una compañía muy grande, coloqué nuestro patrimonio en buenas y hábiles inversiones, e ingresamos a un ministerio cristiano autofinanciado por dos años", dice Don. "Después oímos de la obra evangelística de cristianos nacionales en países extranjeros. La obra que realizan es muy próspera, y en comparación con nuestro país, no cuesta mucho mantener a familias nacionales en ministerios a tiempo completo - menos de $100 por mes en algunos países.

"Un pequeño supermercado de comida rápida me convenció que podía volver a los negocios, ganar dinero para apoyar a estos nacionales, y multiplicarme de cincuenta a cien veces. Dando 50.000 dólares pro año, yo podía contribuir con un millón de dólares para la obra de Dios en sólo veinte años."

Con el apoyo entusiasta de su familia, Don dejó de lado sus planes de unirse a la Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo como coordinador, y en lugar de eso emprendió este plan de veinte años de ganar para dar. En ese tiempo, él y su hijo comenzaron un negocio de maquinaria en Greenville, Carolina del Sur y fiel a su compromiso, Don comenzó a dar 50% de sus ingresos, pagando 33% en impuestos y viviendo modestamente con el resto.

Todo resultó mucho mejor de lo que esperaba. Logró cumplir su compromiso de un millón de dólares, en sólo diez años, canalizando la mayor parte de sus fondos a "Vida Nueva 2000", un amplio plan de evangelización mundail diseñado para ayudar a alcanzar a millones de personas que todavía no han oído de Cristo.

 Virginia, la esposa de Don, murió en 1987. Ahora él y su segunda esposa, Jeanne, han comenzado a trabajar en el segundo millón para dar a la obra del Señor. Su meta es encontrar otras cien personas o más que hagan lo mismo.

La promesa de Dios en Proverbios 11:24, 25 es para todos. Sea rico o pobre, usted también puede dar para recibir para luego volver a dar, para recibir, para dar más de nuevo. Dios conoce su corazón y El puede confiar en usted para completar el proceso, como el ejemplo de Don Preston lo ilustra; la palabra correcta es dar.

Quiero advertirle algo. No se desanime si Dios no le provee una recompensa financiera inmediata como hizo con Débora o con Don Preston. Las posibilidades y formas de las bendiciones de Dios son infinitas. El puede tener un plan diferente para usted. Dios conoce sus verdaderas necesidades y usted debe darle libertad para hacer Su mejor obra en su vida. El puede mejorar su salud y fortalecer su cuerpo. El puede ayudarlo a realizar mejor su trabajo, puede ayudarlo a reducir sus gastos, o a cambiar sus hábitos respecto al dinero, de modo que pueda vivir mejor con sus ingresos actuales. O El puede enseñarle a experimentar contentamiento con lo que tiene, para que usted pueda gozar de un mayor sentimiento de plenitud en su vida. Pablo afirma esto:

Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia, en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.

Muchos cristianos confunden el significado de la bendición. Al igual que Pablo, Job era un hombre experimentado en la prosperidad y en las privaciones. La verdadera prosperidad es vivir y dar según el nivel al cual Dios le ha llamado, con todas las necesidades suplidas por Su provisión.

3. Dar por fe
Definido sencillamente, el dar por fe significa creerle a Dios Su Palabra y disponerse a dar generosamente anticipando Su fiel provisión.

Las premisas de este concepto son tres. Primero, Dios es la fuente absoluta de toda provisión. Segundo, el dar se basa en Sus recursos, no en los suyos. Tercero, Cristo es su vínculo con las riquezas inagotables de Dios.

El apóstol Pablo incluye estos preceptos en su carta a los cristianos de Filipos, en la que dice:

Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

Analicemos con detenimiento estas palabras

Dios suplirá. Al vivir en una sociedad humanista, es fácil creer que el hombre es su propia fuente de riquezas. Cuando se enfrentan necesidades, es fácil buscar a las personas y a las instituciones en búsqueda de ayuda. En efecto, Dios usa a todos en Su proceso de provisión, pero ellos son sólo los instumentos, no la fuente de su provisión.

Conforme a sus riquezas. Nuestro Padre Celestial guarda en sus manos todos los tesoros del cielo y la tierra. Jesucristo declaró que El posee toda potestad en los cielos y en la tierra. La provisión de nuestro Señor no se basa en el tamaño de la necesidad, sino en la emormidad de Sus riquezas y en Su autoridad para entregarlas. En tiempos buenos y malos, sus reservas permanecen estables e inagotables.

En Cristo Jesús. Usted reclama las bendiciones abundantes de Dios por medio de Jesucristo. Nuestro Señor dejó de lado Sus riquezas en los cielos para identificarse con usted en cada área de su necesidad humana, al morir en la cruz por sus pecados. Cuando él volvió a Su Padre, Dios lo invistió con todo lo que El había dejado, incluyendo Sus riquezas inagotables.

4. Comprenda que usted cosechará lo que siembre
En el tercer día de la creación Dios ordenó,

 Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol dé fruto que de fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra.

Este principio se aplica espiritualmente, así como también físicamente. Pablo escribe,

 No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.

El apóstol aclara que la ley de la siembra y la cosecha se aplica también al uso de nuestros bienes materiales, tal como lo hemos examinado previamente en 2 Corintios, capítulo 9. Esta ley abarca cuatro principios básicos.

Primero, para cosechar algo, usted primero debe sembrar una semilla. Sea que usted dé dinero en efectivo, en especie o en cualquier otra manera de intercambio, todo lo recuperará porque lo que da es como una semilla que usted siembra.

Segundo, para obtener una abundante cosecha, usted debe sembrar su mejor semilla. Sembrar sólo por cosechar no es suficiente. Dios le pide lo mejor, porque El utiliza lo que usted le da como base para abrir Su provisión. Con Dios nada "de segunda" es aceptable. Su provisión en respuesta a su obediencia, es eternamente perfecta y siempre abundante. El le dio a usted lo mejor - Su único Hijo. Por lo tanto usted contrista al Espíritu de Dios cuando no le da lo mejor.

Esto significa que lo mejor de su vida - lo mejor de su tiempo, lo mejor de sus talentos, lo mejor de sus bienes, lo mejor de todo lo que tiene - deben estar en el altar de sacrificio ante Dios.

En algunas culturas, la semilla puede ser por lo menos la primera décima parte de lo que se gana. En otras sociedades, la semilla puede ser lo primero y lo mejor que uno produce y otros bienes tangibles. Por ejemplo, Abraham voluntariamente dio la décima parte de su botín de guerra a Melquisedec, el rey de Salem y Sumo Sacerdote del Altísimo, como un testimonio de la fidelidad de Dios al otorgarle la victoria. Sin lugar a dudas esos botines incluían una amplia variedad de valiosos tesoros. En otra ocasión, después que Moisés santificó el tabernáculo en el desierto, los líderes de Israel trajeron carros cubiertos tirados por bueyes como ofrendas al Señor.

Tercero, de cualquier cosa que usted dé, cosechará de acuerdo a la cantidad que siembre. Este principio bíblico es básico en la vida y se aplica en todas las culturas y sistemas económicos, ya sea en la libre empresa, en el socialismo, o en cualquier sistema en el que predomine el intercambio de los bienes tangibles.

Cuarto, una cosecha abundante brota del terreno más fértil. Nungún granjero inteligente pensaría en plantar semillas de inferior calidad en una tierra pobremente preparada y usando un equipo de trabajo totalmente deteriorado. Por el contrario, éste compraría la semilla más selecta y luego prepararía la tierra con esmero, utilizando los equipos y los fertilizantes más finos que pudiera adquirir.

Al igual que el plantar buena semilla en tierra fértil, su tarea como mayordomo es buscar la mayor ganancia posible para el Reino de Dios. Usted no puede valorar una buena mayordomía sólo por la cantidad de sus ofrendas, pero sí por cuán sabiamente invierte usted sus recursos. La buena mayordomía de cualquier don está determinada por cómo ésta refleja la vouluntad de Dios.

En la toma de decisiones, yo creo en la utilización del principio de "dominio propio" de las Escrituras, que se encuentra en 2 Timoteo 1:7, "Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio".

El "dominio propio" mencionado en este versículo se refiere a una mente bien equilibrada, sometida al control del Espíritu Santo, "renovada" de acuerdo con Romanos 12:1,2

TAsí que hermanso, os ruego, por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Existe una gran diferencia entre la inclinación del hombre natural o carnal a usar su "sentido común" y la del hombre espiritual para seguir el principio del "dominio propio". El primero depende de la sabiduría del hombre el beneficio de la sabiduría y el poder de Dios; el segundo, al tener la mente de Cristo, recibe sabiduría y guía de parte de Dios, momento a momento por medio de la fe.

Yo le animo a usar el principio de "dominio propio" como ayuda para determinar dónde invertir en el reino de Dios. ¡Evite el dar basado únicamente en emociones!

Dar por un impulso, por el sólo hecho de dar o contribuir donde sus ofrendas probablemente sean malgastadas, no solo es una muestra de mala mayordomía, sino que también es una actitud contraria a la voluntad de Dios que contrista al Espíritu. Quizás usted ha recibido pedidos de organizaciones que lo invitan a invertir en sus múltiples proyectos. Evalúe cuidadosamente los méritos del ministerio que usted escoge. Verifique la sinceridad de las personas involucradas y responda a la guía del Espíritu Santo.

No tenga temor de preguntar. Averigüe el estado de la "tierra". Investigue la solvencia financiera y la integridad de la organización que solicita su apoyo económico; determine qué porcentaje de su donativo irá verdaderamente al proyecto y si su ofrenda será usada realmente para la gloria de Dios. También lo animo a evaluar -en términos de discipulado y evangelización- la productividad de la iglesia u otras organizaciones que le hayan requerido contribuciones.

5. Déle la gloria a Dios
Como un mayordomo de los recursos de Dios, usted persigue sólo un propósito - glorificarlo a El. Resulta muy fácil que las demandas financieras diarias lo aparten de este objetivo, a menos que usted tenga sus prioridades claramente establecidas. La santa Palabra de Dios las define para usted.

Su prioridad número uno es Dios. Su segunda prioridad es su familia. Como la familia es la primera institución formada por nuestro creador, no existe ningún conflicto entre la preeminencia de Dios y la prioridad de su familia. Al contrario, suplir las necesidades de su familia es un mandato bíblico y una evidencia de fe. Dios también se glorifica cuando usted ayuda a los no creyentes a conocer el poder cambia - vidas de Jesucristo. Esto resulta en mejor atención a los pobres, a los huérfanos y las viudas. Dirige mejor su ofrenda de tiempo, talento y bienes en el bienestar de la comunidad.

Sin embargo, su prioridad principal es amar, obedecer y glorificar a Dios. El colocar en primer lugar a Dios y el cumplimiento de la Gran Comisión de nuestro Señor, deben ser la meta principal de su mayordomía. Esto incluye dar para el reino de Dios, a través de su iglesia local y de organizaciones misioneras que exalten fielmente al Señor Jesucristo y proclamen su santa e inspirada Palabra, trabajando activamente hacia el cumplimiento de su gran mandato. Por otro lado invertir los recursos que Dios le ha confiado en cualquier iglesia o causa misionera que no esté directamente relacionada con el discipulado, la evangelización, y el cumplimiento de los mandamientos de nuestro Señor, incluyendo la Gran Comisión, pone de manifiesto una mayordomía muy débil.

6. Contribuya de corazon
Una buena mayordomía involucra mucho más que el mero conocimiento y aplicación de los principios y prioridades de dar. Los motivos también son esenciales para determinar sus razones para dar.

Los motivos santos fluyen de un corazón que ama y se regocija en Dios. Nosotros damos para agradar a Dios y expresarle nuestro amor. Damos en obediencia al mandato de nuestro Señor de hacer tesoros en los cielos. Damos para ser un canal de los recursos abundantes de Dios hacia un mundo desesperadamente necesitado. Damos para ayudar al cumplimiento de la Gran Comisión y, de ese modo, ayudar a alcanzar el mundo para Cristo. Es esencial mantener los motivos correctos por medio del poder del Espíritu Santo, si queremos cumplir el objectivo de glorificar a Dios.

Entonces, ¿por qué fracasamos tan a menudo en el logro de esta meta? Esto se debe a que seguimos a nuestro corazón engañoso y a que vivimos vidas centradas en nosotros mismos. Al someternos a este mundo materialista, fallamos al no usar las llaves con las que Dios abre las bendiciones abundantes que El tiene para nuestras vidas y, como resultado, caemos en la esclavitud financiera.

¿Cómo puede usted evitar esto? En las páginas siguientes quiero mostrarale cómo administrar sus finanzas y liberar su fe, para poder experimentar la aventura de dar que Dios ha preparado para todo cristiano.

 

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