Tal vez usted ha visto en el periódico o por la televisión esa atractiva publicidad que promete ayudarle a lograr su independencia financiera. ¡Qué maravillosa receta! Dios ha bendecido a muchos de sus hijos con riquezas, pero muchos de nosotros sólo soñamos con obtener la independencia financiera. Sin embargo, la libertad financiera es para todo mayordomo cristiano que sigue fielmente el plan de Dios en el dar, en el ahorrar y en el gastar sabiamente.
La libertad financiera significa tener lo suficiente para proveer adecuadamente para su casa y para dar generosa y alegremente a la obra de Dios.
Dios quiere que usted sea financieramente libre para que pueda ponerlo a El en el primer lugar de su vida. Que sea sensible a Su voz. Que esté listo para seguirlo en cualquier momento, y a cualquier parte que El lo guíe.
Si este es el plan de Dios, ¿por qué hay tantos cristianos que viven en esclavitud financiera? Las razones son sencillas. Al no comprender ni obedecer los principos bíblicos de la mayordomía, ellos sucumben ante la filosofía del mundo sobre el dinero.
Muchos cristianos se esclavizan con las preocupaciones materiales de la vida y hacen un compromiso parcial, o ninguno, con la obra de Dios.
Yo creo que en la actualidad el materialismo es el mayor obstáculo para la propagación del Evangelio. Tal vez no hay ninguna otra área de nuestra vida en la que seamos más culpables de una racionalización egoísta. Cuando se trata de posesiones materiales, somos capaces no sólo de convencernos a nosotros mismos que las necesitamos, sino también que las merecemos.
Esto no significa que no debamos disfrutar de la vida. En realidad, Jesús prometió una vida abundante a todos los que confían en El y le obedecen. El cristiano lleno del Espíritu Santo disfruta la vida más que cualquier otro. Lo que le estoy pidiendo que considere es esto: ¿qué posesiones materiales en su vida están consumiendo demasiado de su tiempo para mantenerlas y retenerlas?
El materialismo no es sencillamente un problema del Occidente. Las personas de todos los países y culturas - de París a Nueva York, de Calcuta a Nairobi, y en los pueblos más remotos ubicados a lo largo del Amazonas - luchan con alguna forma de materialism
El señor Bailey Marks, vicepresidente de los Ministerios Internacionales de la Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo, cuenta una historia que ilustra esto:
"Un día, un amigo mío estaba visitando a un pastor cristiano en un remoto pueblo africano. Su casa era muy sencilla. Construida de madera, tenía sólo un piso de tierra y los escasos muebles estaban toscamente construidos."Mi amigo le preguntó al pastor: '¿Cuál es el problema más difícil que usted enfrenta en su ministerio?'
"Sin dudar, el pastor golpeó con su mano en la mesa y exclamó, '¡El materialismo! Si mi gente tiene un cerdo, quiere dos. Si tienen dos cerdos, quieren una vaca, o muchas vacas...'"
Cuando escuché esta historia, solté una carcajada. Pero luego me di cuenta de lo real que esto es entre nosotros.
Usted encontrará la plenitud y el verdadero significado de la vida en la mayordomía fiel de lo que Dios le ha confiado, y no en el materialismo.
Permítame comparti con usted seis cosas específicas que puede hacer para asegurar su libertad financiera y la de su familia.
1. Conocer y obedecer la voluntad de Dios para invertir su dinero
La voluntad de Dios en relación con el dinero no es un misterio. Los principios bíblicos de la mayordomía le revelan claramente Su plan. Al basar sus decisiones en esos preceptos, usted experimentará libertad financiera permanente.
Toda inverión de su tiempo, talentos y bienes materiales, a menos que el Espíritu Santo lo dirija de otra forma, debe estar determinada por el principio del "dominio propio" que ya hemos mencionado. Además, usted debería buscar el consejo sabio de cristianos maduros que ya han aplicado con éxito los pricipios bíblicos en el acto de dar.
Sin embargo, es probable que en ciertas circunstancias difíciles de la vida, no encuentre una guía específica en ningún principio bíblico o consejo humano. Entonces, se preguntará, ¿qué dirección debo tomar? ¿Cómo puedo estar seguro de que mi decisión es la correcta? Dios lo guiará aun en situaciones como ésta.
El apóstol Pablo instruye, "Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo". ¿Qué significa esto?
La paz es un don y un llamado. El Espíritu Santo lo guía de acuerdo con la presencia o ausencia de paz en su corazón. Cuando usted tome las decisiones correctas, sentirá calma aun en situaciones muy difíciles. Sin embargo, cuando sus acciones no coincidan con el plan y la voluntad de Dios, sentirá inquietud e incertidumbre.
No existe un método más efectivo para conocer la voluntad de Dios en sus decisiones financieras, que basar sus acciones en los principios de Su Palabra, y luego pedirle a Dios que lo guíe por medio de su paz interior.
2. Respire financieramente
La verdadera libertad financiera requiere de buena salud espiritual. Por muchos años enseñé el principio de la "Respiración Espiritual." A través de la respiración espiritual, usted exhala las impurezas del pecado por medio de la confesión. La Biblia promete que si usted le confiesa su pecado, él es fiel y justo para perdonar sus pecados y limpiarlo de toda maldad.
Confesar sus pecados es ponerse de acuerdo con Dios sobre ellos. Esto significa que usted reconoce que sus pecados le desagradan a Dios; reconoce que Dios ya le ha perdonado sus pecados por medio de la muerte de Cristo y el derramamiento de su sangre en la cruz; y que usted se arrepiente y cambia de actitud. Por medio del poder del Espíritu Santo, usted da un giro en relación con sus pecados y cambia de conducta.
Luego, usted inhala la pureza de la justicia de Dios apropiándose de la plenitud del Espíritu Santo por fe, basándose en el mandato de Dios dado en Efesios 5:18 y en Su promesa asentada en 1 Juan 5:14,15. De esta forma usted lo invita a dirigir, controlar y capacitar su vida.
Así como la Respiración Espiritual mantiene su salud espiritual, la "Respiración Financiera" preserva su libertad financiera y su bienestar.
Usted "exhala financieramente" confesando su pecado al reclamar la posesión personal de los recursos que Dios le ha confiado y de retener esos recursos fuera de la obra de Dios - como si debido a que usted los gana, por derecho éstos le pertenecieran. Luego, usted "inhala financieramente" reconociendo el señorío de Dios sobre su tiempo, talentos y bienes y compartiendo con otros la abundancia que Dios le provee.
Este sencillo acto de fe nos llama a un compromiso total e irrevocable sobre el derecho de propiedad de Dios sobre cada área de nuestra vida.
3. Desarrolle un plan financiero
Un plan financiero por escrito, le dará el marco de referencia para sus decisiones económicas y le permitirá medir su progreso hacia la libertad financiera.
Desarrollar un plan no es difícil. El presupuesto familiar sirve como un punto de partida. Al identificar fácilmente sus necesidades, carencias y deseos, el plan provee un vehículo para establecer prioridades y determinar metas estratégicas a mediano y largo plazo para controlar sus gastos.
Además, el presupuesto lo capacita para pensar antes de comprar, manteniendo sus gastos controlados, ayudándolo a vivir modestamente y manejar el crédito con efectividad y prudencia.
Permítame sugerirle una propuesta para alcanzar esa meta:
Para desarrollar un presupuesto, usted debe calcular su costo de vida normal por mes, incluyendo aseguaranzas, más gastos de temporada como vacaciones y Navidad. Incluya las necesidades a largo plazo como por ejemplo la educación de sus hijos y su jubilación.
Una vez que usted ha calculado un presupuesto, haga un compromiso delante del Señor para vivir con esa cantidad. Por supuesto que el presupuesto requerirá de algunos reajustes de tiempo en tiempo, para balancear los cambios provocados por la inflación o otros cambios en las circunstancias de cada quien.
Ningún ingreso adicional a aquello que usted realmente necesite, de acuerdo al presupuesto, debe ser considerado como un excedente. Por ejemplo, si usted recibe un bono especial durante el año, pero ya tiene suficientes recursos para cubrir su presupuesto, concluya que Dios le ha dado esto para ayudar a otros o para invertir en Su obra. Cualquier aumento al salario que supere lo que sus necesidades requieren, puede muy bien ser aplicado en la misma manera. Al establecer un límite a las necesidades personales, usted no sólo comenzará a disfrutar de libertad financiera, sino que podrá aportar sustancialmente a la obra del Señor a medida que El lo bendiga y lo prospere.
No estoy sugiriendo que usted limite tanto sus necesidades al grado que no pueda vivir adecuadamente en este mundo en que Dios lo ha colocado. Le advierto, sin embargo, que se cuide de no verse en el espejo de los valores de aquellos que le rodean, para quienes mayores ingresos significan automáticamente mayores gastos en sí mismos. Dios no nos recompensa tan solo elevando nuestro estándar de vida, sin considerar cuales son nuestras necesidades. El nos bendice para que tengamos lo suficiente para suplir nuestras necesidades, "teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra".
4. Controle sus créditos
Una buena mayordomía requiere que usted viva modestamente y que maneje efectivamente su crédito.
Pablo advierte, "No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros". Muchos líderes cristianos entienden esto como que nunca se tiene que deber nada a nadie. Yo estoy en desacuerdo con esto. Una pareja joven incurrirá frecuentemente en obligaciones mensuales mientras está estableciendo su nuevo hogar. En esta vida, la adquisición de artículos costosos - tales como una casa a un automóvil - generalmente significa endeudarse. El peligro real no reside en satisfacer las necesidades legítimas, sino en la autogratificación, en la mala planificación, en la falta de disciplina, y en la pasión por satisfacer la codicia personal.
Satanás procura impulsar a los cristianos al endeudamiento porque así puede debilitarlos con la preocupación, con la deseperación, y mantenerlos espiritualmente estériles y sin fruto. Por esta razón, un mayordomo fiel nunca se dejará llevar a una situación en que no pueda, por medio del control de sus ingresos, cumplir con sus pagos y obligaciones financieras.
5. Invierta en el reino de Dios
Dios mide el valor de lo que usted da, de acuerdo al total de sus recursos. Como con la viuda que dio sus dos "blancas", usted lo honra y agrada cuando da sacrificialmente. El multiplicará sus ofrendas en manera sobrenatural para suplir sus necesidades así como también las necesidades de otros. A Dios también le agrada cuando usted da generosamente de la abundancia que El le ha dado. Usted puede usar estos recursos de abundancia aportando estratégicamente para ayudar a llevar el mensaje de Jesucristo a millones que aún no lo han recibido.
Permítame sugerirle dar un mínimo del 10% de sus ingresos a la obra del Señor, como punto de partida para un buen mayordomo que quiere honrar y glorificar a Dios con los recursos que le han sido confiados.
La prácitca de dar 10% se llama "diezmo", y es común entre los cristianos de hoy como un método sistemático para dar. La palabra diezmo proviene de un término de que significa la décima parte, y se refiere usualmente a dar 10% de los ingresos personales o de los recursos para el reino de Dios. Diezmar, o aun dar proporcionalmente una cantidad mayor, debería cumplir un papel vital en nuestra mayordomía, si es que buscamos obedecer el mandato de nuestro Señor de ayudar al cumplimiento de la Gran Comisión.
Dios estableció el diezmo durante el período Mosaico del Antiguo Testamento. Actualmente existen muchos que argumentan en contra del diezmo, indicando que ya no estamos más bajo la ley que requería el diezmo, sino que ahora vivimos bajo la gracia. Quienes sostienen esta posición aseveran que si bajo la ley los israelitas dieron al menos una décima parte, con seguridad que bajo la gracia nosotros daremos más, en la medida en que Dios no prospere. Basándose en este argumento, muchos recomiendan dar de forma proporcional, pero no necesariamente una décima parte. Yo estoy de acuerdo. Para la mayoría de las personas, sin embargo, una décima parte es un buen punto de partida.
Permítame ilustrarlo. Un amigo que apenas estaba comenzando a experimentar la realidad de su salvación le preguntó a su pastor si Dios estaría satisfecho con 5% de sus ingresos en vez de 10%. El pastor le respondió, ¿usted estaría satisfecho con 50% de su salvación y de todas las otras bediciones que Dios pone a su disposición?" Desde mi perspectiva, en vista del gran sacrificio de Cristo en la cruz, es inconcebible que alguien dé menos bajo la gracia, que lo que los judíos daban bajo la ley. Por eso, sobre este mandato del diezmo, menciono el dar al menos una décima parte de sus ingresos o recursos para la obra de Dios, pero no como un asunto de la ley, sino como una expresión de la gracia.
La provisión de Dios bajo la gracia se basa en el principio de la cosecha: todo lo que el hombre sembrare eso segará. El apóstol Pablo dice, "El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará". Dar muy poco para la obra de Dios equivale a "robar a Dios" ahora, así como sucedió en el tiempo de Malaquías. El Señor dijo a los hijos de Israel:
¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, poque vosotros, la nación toda, me habéis robado.Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.
Aunque Cristo "nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición", Dios tiene sus maneras para disciplinarnos por no dar o para recompensarnos por la fidelidad en la mayordomía. Considere lo que El el dijo a los líderes de Judá por medio del profeta Hageo:
Este pueblo dice: no ha llegado aún el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada". dice el Señor.Su respuesta a ellos es esta: "¿Es para vosotros tiempo de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta?
Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis, y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto.
¿Ha tenido alguna vez esos sentimientos? Usted parece estar en una rutina financiera. Está trabajando más duro, y aún le espera mucho más. Su cuenta corriente parece evaporarse. Dios no ha cambiado. En el tiempo de Hageo, El consideraba de vital importancia que el pueblo de Israel reedificara Su templo para restablecer Su presencia física en medio de los pueblos de la tierra. En la Era de la Iglesia en la que vivimos, la presencia física de Dios en medio del género humano se propaga conforme Su iglesia crece y se expande. Pero ¿cómo ocurre esto? Por medio de la evangelización y del discipulado, ayudando al cumplimiento de la Gran Comisión en obediencia al mandato de nuestro Señor.
Hágase las siguientes preguntas:
A pesar de que nosotros vivimos en la era de la gracia, los prinicipios de Hageo son todavía valederos.
¿Cuál es el fin principal del hombre? Glorificar a Dios y agradarlo por siempre. ¿Y cómo glorificamos a Dios? Jesús explica esto en San Juan 15:8, "en esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos."
En otras palabras, lo más importante que usted y yo podemos hacer como creyentes es ayudar a llevar las nuevas de gran gozo - las buenas nuevas del amor y perdón de Dios por medio del Señor Jesucristo - a todos los que escuchen, a través de la contribución de nuestro tiempo, de nuestros talentos y de nuestros bienes.
Bajo la gracia, el amor de Cristo nos constriñe. No debemos confundir ni abusar de nuestra libertad neotestamentaria. Nosotros debemos permanecer sensibles y responsables ante un Dios correcto y justo.
La clave para experimentar la presencia de Cristo y el gozo de los cielos, es obedecer Sus mandatos en cada área de nuestras vidas. Jesús dice, "El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama... y yo le amaré y me manifestaré a él. El que me ama, mi Palabra guardará; y mi Padre le amará y vendremos a él, y haremos moradas con él".
¿Está usted experimentado la presencia de Dios en su vida? ¿conoce Su gozo, Su amor, Su paz, Su guía? Si no es así, ¿es posible que usted no esté obedeciendo Sus mandamientos? Cuando usted retiene los recursos que Dios le ha confiado para Su obra, El tiene poco con lo cual bendecirlo, y su vida permanece sin fruto y sin gozar de verdadera felicidad.
Personalmente yo no conozoco mayor gozo que el de ser un instrumento de Dios para comunicar las Buenas Nuevas del Evangelio a otros. Esto generalmente cuesta dinero. Por otro lado, nosotros ya no nos pertenecemos, hemos sido comprados por un precio, la sangre preciosa del Señor Jesucristo. Nuestro tiempo, talentos y bienes, son la forma en la que expresamos gratitud a nuestro grande y glorioso Dios y Padre por todo lo que El ha hecho para llenarnos con Su presencia.
Ya que bajo la gracia, todo lo que tenemos pertenece a Dios, damos un diezmo - o tal vez un porcentaje mayor - pero no como un requerimiento de la ley, sino como un acto de adoración y obediencia amorosa. Creo que desobedecemos a Dios cuando ignoramos nuestra resposabilidad de dar y de ser mayordomos. Así como bajo la gracia, Dios disciplina a sus hijos cuando son desobedientes porque los ama, el mayordomo infiel también debe estar preparado para aceptar la disciplina. Permítame ilustrárselo.
Yo amo profundamente a mis hijos. Recuerdo cuando los tuve por primera vez en mis brazos. Sentía que mi corazón se unía al de ellos mientras los abrazaba. Pero conforme los años transcurrieron y los niños crecieron, fue necesario disciplinarlos. En cada ocasión, antes y después del castigo, les explicaba a cada uno de ellos que los amaba y que la corrección era por su bien.
Para asegurarme que ellos comprendieran, les preguntaba" ¿por qué creen que los disciplino?"
En medio de lágrimas me respondían, "porque me amas."
El hecho de que yo los reprendiera cuando eran desobedientes no significaba que los amaba menos, sino que los amaba más.
Eso sucede con la obediencia en la mayordomía. Es vital que nosotros no permitamos que nada nos impida dar nuestros diezmos y ofrendas. Yo preferiría olvidar mis comidas y dejar de cumplir cualquier otra obligación antes que robarle a Dios - a pesar de que estoy bajo la gracia, a pesar de que se que El me ama, a pesar de que sé que mi relación con El es muy diferente a la de los creyentes del Antiguo Testamento, gracias a la cruz, a la tumba vacía y a la realidad de Su presencia en mi vida.
Fallar en nuestra responsabilidad hacia Dios, equivaldría a interpretar mal la gracia. Jesús dijo que se debe diezmar. Como todo lo que poseemos lo disfrutamos como un regalo de Dios, no devolver un porcentaje de lo que El nos ha dado, para Su obra, como una expresión de nuestra gratitud y amor, es desobediencia y puede resultar en disciplina.
Así como en el libro de Malaquias Dios promete bendición abundante sobre Israel por la fidelidad en el diezmo, creo que Dios benecirá abundantemente a los que diezman actualmente, o dan un porcentaje mayor, de un modo regular y sistemático. El versículo del Nuevo Testamento, "No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará", se refiere al hecho de sostener a nuestros líderes espirituales. Una actitud de obediencia cuando usted da su diezmo - o cuando da generosamente de un modo sistemático - prepara "el terreno" de su corazón para dar fruto y además le da a Dios la oportunidad de bendecirlo.
Creo que este es el espíritu del principio de Malaquías.
La premisa de diezmar como una expresión de gracia incluye tres elementos:
Primero, el diezmo reconoce a Dios como la fuente y el dueño de todo lo que poseemos. Diezmar es una práctica diferente a la de la ofrenda ocasional, la cual sugiere que nos consideramos los dueños de todo lo que poseemos. Por medio del diezmo reconocemos que Dios es el autor de nuestros ingresos.
Segundo, diezmar es un acto voluntario de alabanza. En Betel, Jacob dijo:
Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti.
Si usted no lo ha hecho todavía, también debería considerar el diezmar, o dar más, - como un acto de alabanza. A través de este acto, usted se concentra en el Padre celestial y testifica de Su bondad y generosidad hacia usted.
Tercero, diezmar le enseña a poner a Dios primero. Moisés dijo que el propósito del diezmo era "que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días".
Diezmar, como un plan sólido para dar regularmente y con propósito, le permite sortear las emociones y circunstancias que tratarán de impedirle el ser un mayordomo fiel y, como consecuencia, poner a Dios en el primer lugar en su vida. Esta decisión lo libera de la tiranía del materialismo y limpia el camino para las bendiciones adicionales y abundantes de Dios.
Don Myers, Director de Asuntos Internacionales de la Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo en Sudáfrica, relata como él y su esposa, Sue, aprendieron a poner este principio en práctica en sus vidas.
"Durante nuestros primeros dos años como cristianos, Sue y yo concebimos un plan para llegar a ser diezmadores. El plan implicaba dar, incrementando 1% anualmente hasta que alcanzáramos el mágico 10%. Como lo que dábamos en ese tiempo era un anémico 4%, estábamos embarcados en un largo y laboriso proceso. Nosotros queríamos que el plan llevara dos años, pero era como sacarse un diente lentamente!
"Al estar en esa situación, tomamos la decisión radical de pasar del seis por ciento al diez por ciento de un salto. Este fue un procedimiento relativamente fácil. Produjo una libertad financiera y un sentido de paz en nuestro matrimonio, que superó toda nuestra experiencia previa. Luego fuimos desafiados a intentar nuevos saltos..."
"Como obreros cristianos desde 1968 a 1972, logramos mantener un modesto nivel de dar" algo más que el diezmo". Luego cuando nos preparábamos para mudarnos al Africa en 1973, escuchamos una conferencia en un curso de capacitación, que cambió nuestras vidas. El orador dijo que la mejor respuesta de fe ante una crisis financiera es incrementar el nivel personal de mayordomía".
"Después de considerar en oración este principio radical, decidimos seguirlo durante nuestro trabajo en Africa. Durante los dieciséis años que servimos en Africa enfrentamos severas crisis financieras en seis ocasiones. En cada oportunidad, por fe, incrementamos nuestro nivel de dar. En cada ocasión el Señor resolvió la crisis. Cuando dejamos Africa, lo que dábamos alcanzaba ya 38%!"
¿Deberá ser aplicado también el principio del diezmo a su teimpo y talentos, así como al dinero? Yo estoy convencido que así es. Dar por lo menos 10% de su tiempo a Dios, no es una tarea pesada. Muchos hijos de Dios dan mucho más.
Las oportunidades para dedicar su tiempo y sus talentos son ilimitadas. ¿Usted canta? ¿Toca un instrumento musical acaso? ¿Sabe cocinar? Tal vez usted es un gerente, un profesor, una secretaria, una niñera, o un carpintero, jardinero, mecánico o bibliotecario. Pídale a Dios que le muestre cómo usar sus talentos para su gloria. Junto con su pastor o con los líderes de organizaciones cristianas de su área, averigüe sobre las oportunidades existentes para utilizar su tiempo y sus talentos en la causa de Cristo.
Yo lo desafío a dar generosamente de su tiempo y talentos, así como de sus bienes durante seis meses, para ver cómo Dios multiplica el fruto en su vida y en la de otros. ¡Qué privilegio tan emocionante es el observar cómo sus recursos alcanzan a los perdidos y a los que sufren alrededor del mundo, para la gloria de Dios!
6. Contribuya mientras viva
Como todo lo que poseemos realmente le pertenece a Dios y El nos ha hecho temporalmente sus mayordomos, cuando morimos no dejamos "nuestro dinero" sino el dinero de Dios. Entonces alguien más asume la responsabilidad de administrar nuestros bienes, y cosechar las recompensas que Dios destinó para nosotros los que acumulamos bienes desde un principio.
Muchos cristianos trabajan duro y dejan sus bienes a personas que no son dignas de su confianza. Pero un mayordomo fiel, después de proveer para las necesidades presentes y futuras de su familia, invierte en la obra de Dios mientras todavía vive.
Un amigo cristiano recientemente me dijo cómo había sido nombrado albacea de una cantidad considerable de los bienes de una señora, y que él sería el responsable de distribuir ese dinero a ministros cristianos después de muerta la mujer. En vez de eso, mi amigo la animó a dar el dinero mientras ella podía observar de primera mano los beneficios de su inversión.
Ellos oraron juntos, y con su consejo y la ayuda de otros, la señora comenzó a dar su dinero a muchos proyectos cristianos dignos de confianza - a misioneros y organizaciones misioneras, a iglesias con necesidades financieros y a escuelas cristianas. Conforme ella daba generosamente, Dios la bendecía abundantemente y convertía sus últimos años en los más emocionantes y fructíferos de toda su vida.
El principio de dar mientras vivimos se aplica igualmente a los que cuentan con recursos modestos. Dios trata con nosotros individualmente. No puedo sugerirle un estilo de vida ni darle un plan de inversión especifico para la causa de Cristo. Sin embargo, lo animo a usar sus recursos para el Reino mientras puede destinarlos a donde Dios quiere, en vez de confiar demasiado en la posible sabiduría de sus herederos. Consulte a un abogado, a un contador público, o a un planificador financiero, o a una empresa bancaria para obtener información específica sobre cómo utilizar los ahorros de su vida mientras usted está todavía vivo. Sólo como un último recurso debería dejar la responsibilidad de la distribución de sus bienes a herederos y albaceas. Si usted "da en vida", estará participando activamente en ganar y discipular a otros para Cristo, mientras todavía puede apreciar los resultados. En consecuencia, nuestro Señor se manifestará en su vida tal como lo prometió en Juan 14:21.