¿Qué métodos le serán de ayuda en comunicar su fe adecuadamente?
Como ya he indicado, muchas cristianos consagrados fracasan miserablemente en sus esfuerzos de llevar a otros a Cristo, sencillamente porque no saben cómo hacerlo.
El saber cómo, es lo que con frecuencia hace la diferencia entre un testimonio efectivo y otro infructuoso. Antes de hablarle a otros de Jesucristo, usted debe:
Por muchos años ya, en nuestros varios cursos de capacitación para evangelizar, les pedimos a los participantes que nos ayuden a elaborar una lista con todo lo que consideran que una persona debe saber para tomar su decisión por Cristo.
Generalmente se anotaban en un pizarrón entre veinticinco y cincuenta sugerencias. Entre otros la lista incluía con frecuencia los siguientes puntos:
Después que las sugerencias parecían agotarse, le pedíamos a cada participante que leyera junto con nosotros una presentacíon del Evangelio llamada "Las Cuatro Leyes Espirituales" , y que nos ayudará a eliminar cada punto escrito en el pizarrón, siempre que estuviera relacionado con la "Ley Uno". Estos puntos eran entonces borrados del pizarrón. Luego continuábamos con las Leyes Dos, Tres y Cuatro, siguiendo el mismo procedimiento. Al llegar al final, el pizarrón quedaba siempre vacío. Podemos decir que la esencia destilada del Evangelio está contenida en el folleto de Las Cuatro Leyes Espirituales.
Originalmente, Las Cuatro Leyes Espirituales se escribieron sólo para nuestros coordinadores, a quienes se les pidió que las memorizaran como una herramienta de evangelización. Como resultado, la cantidad de personas que recibieron a Cristo se incrementó dramáticamente.
El contenido de las Cuatro Leyes Espirituales comenzó a madurar en mi pensamiento durante la capacitación de coordinadores en el verano de 1956, en un momento en que el número de nuestros coordinadores no alcanzaba los cincuenta.
Uno de los oradores en nuestra capcitación de coordinadores de ese año, era un hombre de negocios cristiano y destacado consultor de ventas. El enfatizó que para tener éxito en las ventas, una persona debe desarrollar una presentación clara, sencilla y comprensible que pueda ser usada una y otra vez. El nos advirtió también que al hacer siempre la misma presentación, se llega a generar cierta fatiga; como resultado se cambia la presentación e inevitablemente se pierde la efectividad.
Después comparó al cristiano que testifica con el vendedor secular. Para ser eficaz al comunicar nuestra fe en Cristo, enfatizó, debemos desarrollar una presentación sencilla, comprensible y razonable del Evangelio. Algo que podamos compartir con todos. Cuanto más y mejor se comunique esta sencilla presentación, más fructífero será su testimonio por Cristo.
El ilustró los puntos más sobresalientes mencionando a varios cristianos muy conocidos, quienes tienen sus propias presentaciones especiales. Luego apuntó hacia mí, diciendo, "Bill Bright piensa que tiene un mensaje especial para cada uno de los diferentes grupos de estudiantes, pofesionales, presos y obreros con quienes él trabaja. Sin embargo, aunque nunca lo oí hablar, puedo asegurar que él tiene un mensaje único para todos. Básicamente, él les dice a todos lo mismo."
Decir que me opuse a tal insinuación, es decir poco. Cuanto más hablaba aquel orador, más me enojaba. Me molestaba la inferencia de que yo o cualquier otro que deseaba servir al Señor con sinceridad, no estuviera guiado por el Espíritu Santo como para hablar con originalidad en cada caso y a cada quien. Además, me molestaba que me usara como ejemplo delante del resto de los coordinadores.
Cuando estaba finalizando su presentación y yo estaba tratando de restaurar mis heridas, de las cuales la más seria era contra mi ego, comencé a recordar con más exactitud lo que le enseñaba a otras personas. Esa tarde escribí mi presentación básica y para mi sorpresa, descubrí que mi amigo estaba en lo correcto. Sin darme cuenta había estado enseñando básicamente el mismo mensaje, con pequeñas variaciones en cada caso. Lo que escribí esa tarde y pulí después, es lo que ahora se conoce como "El plan de Dios para su vida", una presentación de veinte minutos sobre quién es Jesucristo, sus aseveraciones, por qué vino y cómo conocerlo personalmente.
Le pedí a cada coordinador en nuestro movimiento que lo memorizara y todos comenzamos a usarlo en nuestra evangelización de persona a persona. Durante el siguiente año y conforme nos concentramos en comunicar este sencillo mensaje, en total dependencia del Espíritu Santo y de Su poder, nuestro ministerio se multiplicó cien por ciento.
El "Plan de Dios" fue nuestro primer material metodológico por escrito - es decir, un material que explicaba sencilla y específicamente cómo una persona puede alcanzar una meta deseada, y también cómo él o ella pueden, a su vez, ayudar a otros a alcanzar esa misma meta. El enfoque en los métodos, es uno de los más necesarios y poderosos en la vida y el testimonio del cristiano. La mayoría de los no cristianos no necesitan que se los convenza de que deberían ser cristianos. En vez de eso, necesitan que se les muestre cómo serlo.
Aunque el "Plan de Dios" era muy eficaz, sentimos la necesidad de contar con una versión más breve. Preparé entonces, un bosquejo condensado pero completo, con los mismos versículos bíblicos y los diagramas. Todos los coordinadores lo memorizaron. Conforme más y más personas se enlistaban en nuestro programa de capacitación, pronto se notó que necesitábamos disponer de esa misma presentación, pero en forma escrita.
Como resultado, nació el folleto "Las Cuatro Leyes Espirituales."
Por supuesto que no queremos decir que el mensaje de las Cuatro Leyes Espirituales sea el único método para llevar a otros a Cristo, ni siquiera que es el mejor. Lo que sí sabemos es que literalmente millones de personas han recibido a Cristo, a través de la presentación sencilla y directa del Evangelio según se presenta en este folleto. De acuerdo a nuestros cálculos, más de un millón de copias han sido distribuidas en los idiomas más importantes del mundo.
Muchos relatos han llamado mi atención sobre la efectividad de las Cuatro Leyes Espirituales. Recuerdo, por ejemplo, la experiencia de una iglesia, cuyo pastor principal había venido a nuestra oficina en busca de capacitación, y quien estaba muy emocionado por el uso de las Cuatro Leyes Espirituales. Al regresar a casa, quiso compartir su entusiasmo con la iglesia y con su copastor.
Su copastor no se mostró muy impresionado por el folleto. Para comenzar no le gustaban los panfletos, y éste se veía como cualquier otro. Así que lo arrojó sobre su escritorio y ni siquiera se molestó en leerlo.
Algunos día más tarde, una funcionaria de la ciudad vino a inspeccionar las instalaciones de la iglesia. Cuando ya se retiraba después de finalizar su inspección, de pronto, el copastor se dio cuenta de que no le había hablado de Cristo. El miró a su alrededor rápidamente y lo único que vio fue el folleto de las Cuatro Leyes Espirituales que había puesto a un lado con disgusto algunos días antes. Se lo dio y le dijo, "lea esto", refiriéndose a que lo leyera al llegar a su casa.
Sin embargo, ella no lo entendió bien, y comenzó a leer el folleto en voz alta en su presencia. Leyó cada palabra, y cuando leyó la "Cuarta Ley", lágrimas surcaban sus mejillas. Al llegar a la oración, oró en voz alta, guiándose a sí misma a Cristo. Con este solo episodio, el copastor quedó tan impresionado que vino a Arrowhead Springs, para descubrir por experiencia propia, cómo podía ser un mejor testigo de Jesucristo, por medio de la capacitación y el uso del folleto que presenta " Las Cuatro Leyes Espirituales.
Otra experiencia conmovedora demuestra la efectividad del folleto. Había un hombre quien era grandemente admirado en su pueblo, pero no era cristiano. En efecto, era conocido como el escéptico del lugar, porque nunca respondió positivamente a las muchas personas que le testificaron personalmente de Jesucristo.
Se había hecho amigo de los padres de un amigo cristiano, el cual se sentía especialmente preocupado por su salvación. Después de obtener un folleto de Las Cuatro Leyes Espirituales, este amigo decidió visitar al escéptico y leérselo. Cuando finalizó su lectura, le preguntó, "¿Entiendes lo que te leí?"
Aquel escéptico respondió, "Sí."
"¿Hay algo que te impide recibir a Cristo?"
"No." respondió.
Entonces los dos hombres se arrodillaron juntos y oraron. El "escéptico" invitó a Cristo a su vida para que fuera su Salvador y Señor.
Cuando se levantaron, mi amigo se regocijaba con este hombre, quien entonces lo dejó estupefacto con esta pregunta, "¿Es esto lo que tú y muchos otros cristianos han intentado decirme por años?"
"Sí."
"Bueno", continuó este nuevo hermano en Cristo, "¿por qué no me lo dijeron? Ningún hombre sería tan tonto de no recibir a Cristo, si realmente entiende lo que esto significa."
El Evangelio, tal como está contenido en el folleto de Las Cuatro Leyes Espirituales, había dado roto la barrera del escepticismo y la indiferencia, de modo que este hombre recibió a Cristo como una nueva manera de vivir.
Primero, comience cada día con una oración, pidiéndole al Espíritu Santo que lo capacite y lo guíe a aquellas personas cuyos corazones El ha preparado.
Segundo, relaciónese con las personas de una forma amorosa, natural y personal. Evite ser mecánico. Todos responden al amor. Conforme usted camina en amor, aquellos a los que les está hablando de Cristo, recibirán la confirmación del Espíritu de Dios, de que usted es sincero; de que no está únicamente tratando de hacer prevalecer un argumento o promoviendo una causa y que está dedicando valioso tiempo para hablarles, porque verdaderamente los ama con el amor de Dios.
No todos estarán preparados para recibir a Cristo, o para dar una respuesta positiva. Algunos más bien pueden mostrar antagonismo. Dios tal vez querrá que usted siembre la semilla, o querrá usarlo como un instrumento en la cosecha. Sea cual fuere el caso, confíe y permítale a El hacer Su obra a través suyo.
Recuerde, así como no todos los frutos de un huerto son cosechados al mismo tiempo, algunas personas estarán "maduros" para la cosecha espiritual y otros todavía estarán "verdes" - o sea que no estarán listos en ese momento para responder al Evangelio. Considere toda conversación evangelística como un gran privilegio y como una oportunidad, no como una responsabilidad legalista. Piense en el gran amor de Dios, en lo que significa para usted conocerlo y en lo que significará para otros el recibir a Cristo. Haga que el compartir su fe con otros se constituya en un verdadero hábito en su vida.
Tercero, use siempre una presentación del Evangelio que sea clara y sencilla. Hay muchas ventajas que resultan del uso de una herramienta como Las Cuatro Leyes Espirituales. Enumeraré algunas de ellas:
El apóstol Pablo exhortó a Timoteo, su joven hijo en la fe, diciéndole: "Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros."
Las Cuatro Leys Espirituales son una herramienta transferible tan sencilla, que permite que los que reciben a Cristo en sus vidas vayan inmediatamente a sus amigos y seres queridos, para hablarles de su nueva fe en Cristo. Al mismo tiempo los capacita para mostrar a sus amigos y seres queridos, cómo ellos también pueden hacer su propio compromiso con Cristo.
Un líder cristiano y teólogo sobresaliente, bastante conocido, me hablaba de su sentimiento de frustración por su poca efectividad y por la falta de fruto en su testimonio por Cristo.
Le pregunté, "¿Qué es lo que le dices a una persona cuando intentas llevarla a Cristo?"
Me explicó su presentación, la cual era muy larga y complicada. La gran cantidad de versículos bíblicos que usaba confundían a la mayoría de las personas y les impedía tomar una decisión consciente y apropiada.
Lo invité a usar la presentación contenida en el folleto de las Cuatro Leyes Espirituales en los próximos treinta días y que me informara de los resultados al finalizar ese período. Cuando lo vi dos semanas después, se veía muy emocionado y gozoso.
Me dijo, "Tan sólo leyéndoles el folleto a otros, he visto más personas venir a Cristo en las últimas dos semanas, que lo que había visto en muchos meses. ¡Es increíble!
Podría mencionar el caso de innumerables cartas e informes de personas que se han beneficiado al recibir capacitación sobre cómo usar esta sencilla presentación.
Una mujer que, junto a su esposo, había servido como misionera en Africa por muchos años me escribió lo siguiente, "Debería haber visto la transfomación en mi esposo, cuando regresó después de asistir a uno de sus seminarios de capacitación. El quería compartir el folleto de las Cuatro Leyes Espirituales con toda persona a su alcance. ¡Inclusive lo compartió con otra persona en una piscina con el agua hasta el cuello! Lo mejor de todo es que aún continúa haciéndolo."
Otro más me dijo, "al principio tenía temor, pero el Señor ha cambiado mi actitud, y ahora quiero salir a testificar. Doy gracias a Dios con todo mi corazón por este cambio."
Además de hablarles de Cristo a los estudiantes, ejecutivos y lacios tanto personalmente como en grupos grandes y pequeños, yo le testifico regularmente a porteros, operadores de ascensores, camareras en los hoteles, taxistas y a personas de otras ocupaciones. Por ejemplo, al viajar en un avión, frecuentemente es fácil entablar conversación con la azafata o con el compañero de asiento, si es que se tiene a la mano una Biblia, un folleto de las Cuatro Leyes Espirituales, u otra clase de literatura cristiana.
Después de cualquier reunión, ya sea de un servicio en la iglesia, en un estudio bíblico, en una reunión de evangelismo estudiantil u otra reunión similar, usted puede conocer a diferentes personas. Después de presentarse y de intercambiar saludos para entrar en confianza, usted puede continuar haciendo una o más de las siguientes preguntas en la forma más natural posible.
"¿Qué el pareció la presentación (o mensaje)?"
"¿Tiene algún significado para usted?"
"¿Ha hecho el maravilloso descubrimiento de conocer a Cristo personalmente?"
"¿Le gustaría hacerlo?"
Luego pregunte, "¿Ha oído acerca de las Cuatro Leyes Espirituales?" A continuación léale el folleto. Si las personas indican que ya han oído acerca de las Cuatro Leyes, pídales su opinión, repase el folleto y déles la oportunidad de orar para recibir a Cristo, si es que todavía no lo han hecho.
Hay varias formas muy efectivas para establecer contacto con otra persona. Después de un saludo cordial y amistoso, puede decir:
Este folleto es uno de los que más se han leído en toda la historia - se han distribuido ya más de mil millones de copias en los idiomas más importantes del mundo. ¿Ha oído acerca de las Cuatro Leyes Espirituales?
O tal vez podría decir:
Recientemente, un amigo mío me dío este pequeño folleto que realmente fue de mucho interés y ayuda para mí. Me gustaría compartirlo con usted. ¿Ha oído acerca de las Cuatro Leyes Espirituales?
Otra opción podría ser esta:
El contenido de este folleto ha ayudado a cambiar las vidas de millones de personas. Contiene verdades espirituales que creo que le interesarán mucho. ¿Le gustaría leerlas y darme su opinión?
También podría intentarlo de esta manera:
Si usted se muriera hoy, ¿tiene la seguridad de que iría al cielo?
Si la respuesta es sí, pregunte:
¿En qué se basa para estar seguro de que irá al cielo? Este pequeño folleto, las Cuatro Leyes Espirituales, le ayudará a tener la certeza de que cuando muera, irá al cielo.
Este enfoque directo es más apropiado cuando sólo cuenta con unos pocos momentos con una persona. Si dispone de más tiempo, sería más útil que tomara algunos minutos para establecer un clima de mayor confianza, compartiendo algunas cosas de interés personal y preguntándole a la persona por sus propios intereses, sus negocios, su profesión o su familia. Luego puede explicar que usted es cristiano y que ha descubierto un folleto extraordinario, que le ha sido de gran ayuda y que le gustaría mostrárselo. Luego, pregunte, "¿Ha oído alguna vez acerca de las Cuatro Leyes Espirituales?"
Demuestre amor cristiano al hacer la presentación. Sea espontáneo, amigable, amable y hable con confianza. Usted no necesita impresionar a las personas con su inteligencia, pero tampoco debería usar un enfoque carente de entusiasmo, vacilante, y negativo que sugiera, "No creo que le interse hacerse cristiano, ¿no es así?"
Cuando presente las Cuatro Leyes Espirituales, sencillamente lea el folleto. Por lo general, debe leerlo en voz alta, sosteniéndolo de forma que la persona pueda seguir la lectura juntamente con usted. También es útil usar un lápiz o algo parecido para señalar las líneas y las palabras que está leyendo, para garantizar una mayor concentración.
Hace algún tiempo hablé a un grupo de pastores en Dallas. Un capellán universitario se mostró escéptico sobre cómo se podría presentar un enfoque tan sencillo como las Cuatro Leyes Espirituales a los estudiantes universitarios. El me pidió que lo acompañara a una universidad cercana, para que le demostrara cómo usar el folleto de las Cuatro Leyes Espirituales con estudiantes no cristianos. El logró reunir aproximadamente una docena de estudiantes, la mayoría de los cuales ya eran cristianos. Yo le di una copia del folleto de las Cuatro Leyes Espirituales a cada uno y les pedí que siguieran mi lectura en silencio, mientras yo leía el folleto en voz alta.
Aunque a través de los años había presentado a Cristo a miles de estudiantes y profesionales en sesiones de consejería personal, soy una persona reservada y no siempre me resulta fácil testificar. Mientras estaba leyéndoles en voz alta el folleto a los estudiantes, empecé a recibir toda clase de impresiones negativas del diablo, quien estaba intentando desanimarme y sembrar dudas en mi mente como, por ejemplo, "estos estudiantes se reirán de ti. Ellos son demasiado inteligentes para responder a una presentación tan sencilla. Tú necesitas un enfoque más intelectual. No prosigas; no seas fanático. Estos estudiantes se irán. Ellos pensarán que estás loco."
Pero como soy libre del poder de Satanás cuando obedezco y confío en el Señor, pude decir, "mayor es El (Cristo) que está en mí, que el que está en el mundo (Satanás)."
Así que continué leyendo, con la seguridad de que Dios honraría esta presentación tal como lo había hecho en miles de otras ocasiones, porque El ha prometido honrar Su Palabra. Cuando llegué a la oración, de pronto me pareció que un coro de voces me decía, "No leerás esta oración ni harás el ridículo delante de estos estudiantes inteligentes, ¿no es cierto? Pero leí la oración, y luego dije, "Si esta oración expresa el deso de su corazón, ore conmigo en silencio. Haga suya esta oración."
Luego leí oración en voz alta por segunda vez. Cuando la finalicé, vi lágrimas deslizándose por las mejillas de una joven. Ella se acercó para decirme que había hecho esa oración y que sabía que el Señor Jesús había venido a vivir en su corazón. Luego, un joven recibió a Cristo también. Antes de marcharme, el capellán me presentó a una joven que recién había recibido a Cristo. Por lo que sé, todos los demás, excepto uno, eran cristianos. El que faltaba había crecido ateo, pero fue muy discreto sobre lo que había oído y estaba también a punto de recibir a Cristo. Por medio de la sencilla lectura del Evangelio tal como está presentado en el folleto de las Cuatro Leyes Espirituales, el Espíritu de Dios obró en los corazones de estos jóvenes y señoritas de una forma maravillosa. Esta es, con frecuencia, la experiencia de toda persona controlada por el Espíritu que comunica esta presentación.
Generalmente se encuentra que la mayoría de las personas están de acuerdo con las primeras "tres leyes" y es probable que no tengan muchas preguntas, a veces ninguna. Por lo mismo se debe proseguir con la "Cuarta Ley" con toda confianza.
Cuando llegue a los dos círculos, uno representando la vida controlada por el "yo", y el otro representando la vida controlada por Cristo, haga la pregunta que está en el folleto:
¿Cuál de estos dos círculos representa su vida?
Luego pregunte:
¿Cuál de estos círculos le gustaría que representara su vida?
En la mayoría de los casos, la persona a quien le está hablando responderá ala primer pregunta: "El círculo de la izquierda, y a la segunda: "El circulo de la derecha."
La obra del Espíritu Santo al producir una actitud de arrepentimiento en un no creyente, es una preparación necesaria para recibir a Cristo. Este cambio de actitud resultará en un cambio de conducta. Sin embargo, debe quedar claramente establecido que una persona no se hace cristiana porque se arrepiente, sino por el sencillo acto de recibir a Cristo por fe, como se explica en San Juan 1:12 y en Efesios 2:8,9.
Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hecho hijos de Dios.
Porque por gracias sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.
El siguiente punto fundamental cuando se presenta a Cristo, es ayudar a los que quieren recibirlo como su Salvador, a comprender exactamente qué hacer. Conforme usted continúa leyendo el folleto, explique cómo recibir a Cristo.
Lea la oración en voz alta y luego pregunte, "¿Expresa esta oración el deseo de su corazón?"
Si la respuesta es "sí," diga, "usted puede hacer esta oración ahora mismo, si realmente entiende lo que significa y Cristo vendrá a su vida como El lo prometió. Luego haga una pausa para la oración. Sugiera que si la persona desea orar en voz alta, usted puede orar con ella.
Si se produce un largo silencio, puede sugerir que la persona haga oración repitiendo, después de usted, frase por frase. Sin embargo, sea sensible. Algunas personas desean hacer su propia oración, en vez de una oración sugerida. Si alguien desea orar en silencio, sugiérale que diga "Amén" al finalizar. Cuando diga "Amen", ore en voz alta por el nuevo creyente.
Si la persona no hace un compromiso con Jesucristo después de que le ha leído el folleto completo, evite ofenderla. No trate de discutir ni presione a nadie a tomar una "decisión" por Cristo. Jesús dice, "Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere."
Sin embargo, usted puede tomar ciertos pasos para ayudar a la persona que no ora para recibir a Cristo, al llegar a la oración en el folleto:
Algunos querrán orar en ese momento, mientras que otros preferirán hacerlo después, cuando comprendan mejor lo que significa recibir a Cristo. En ese caso:
En una ocasión compartí el folleto de las Cuatro Leyes Espirituales con un famoso general, quien estaba de acuerdo con su contenido, pero nunca había recibido a Cristo. Quería hacerlo pero nunca había dado ese paso. Me ofrecí para orar con él, pero me dijo que preferiría recibir a Cristo cuando estuviera solo. Le prometí orar por él y me despedí.
A la mañana siguiente lo llamé para preguntarle, "¿Hizo esa oración?"
"Ciertamente lo hice," respondió con amabilidad y entusiasmo, "tal como prometí."
Permítame recomendarle otros dos métodos que podrían ser muy útiles.
Uno es compartir su propio testimonio personal y , según el Espíritu Santo le guíe, déle a la persona a quien le está compartiendo, otra oportunidad para recibir a Cristo. Otro método es repasar el folleto, explicándolo claramente una ley a la vez y preguntando después de cada ley, "¿Entiende? ¿Es claro esto?"