El hermoso salón del Hotel Marriott en Chicago estaba completamente lleno con más de mil trescientos estudiantes universitarios y coordinadores de la Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo. Estos parecían estar pendientes de cada una de mis palabras mientras les explicaba uno de los descubrimientos espirituales más emocionantes que había hecho: cómo amar por fe.
Por años yo había hablado sobre el amor. Hasta tenía un sencillo bosquejo de cuatro puntos:
Sin embargo, como ocurre en la mayoría de los sermones sobre el amor, faltaba algo. Luego, hace algunos años, fui despertado muy temprano de un profundo sueño. Sabía que Dios tenía algo que decirme. Me sentí impelido a levantarme, abrí mi Biblia y me arrodillé a leer y a orar. Lo que descubrí en las dos horas siguientes, ha enriquecido mi vida y la de miles de personas desde entonces. Había aprendido cómo amar.
Junto con este descubrimiento, Dios me dio el mandato de compartir esta verdad con todos los cristianos alrededor del mundo. Durante aquel tiempo especial y transformador de comunión con el Señor, yo recibí un quinto punto para agregar a mi sermón sobre el amor: nosotros amamos por fe.
El amor es lo más extraordinario y maravilloso del mundo - Es el mayor privilegio y el más grande poder que el hombre conoce. El énfasis del amor de palabra y de hecho, cambió el curso de la historia, cuando los cristianos del primer siglo demostraron una calidad de vida que nunca se había visto en esta tierra. Los griegos, los romanos, los gentiles y los judíos se odiaban entre sí. La sola idea del amor y el sacrificio personal era completamente ajena a su pensamiento. Cuando observaban a los cristianos de diferentes naciones, con idiomas y culturas diferentes, amándose de verdad y sacrificándose para ayudar al otro, exclamaban sorprendidos, "¡Miren cómo esas personas se aman unos a otros!"
En mi conferencia desafié a los estudiantes a ser parte de una revolución de amor. Les sugerí que hicieran una lista de todas las personas que no les agradaban y que comenzaran a amarlos por fe.
A la mañana siguiente, muy temprano, una joven con ojos alegres y rostro radiante me dijo, "Mi vida cambió anoche. Por muchos años había odiado a mis padres. No los he visto desde que tenía diecisiete años, y ahora tengo veintidós. Abandoné mi hogar hace cinco años, luego de una pelea y nunca les volví a hablar ni les he escrito desde entonces, a pesar de que ellos han intentado convencerme varias veces de regresar a casa. Me decidí a nunca volverlos a ver. Los odiaba.
"Hace algunos meses, antes de llegar a ser cristiana", continuó, "era drogadicta, vendía estupefacientes y caí en la prostitución. Anoche usted me dijo cómo amar a mis padres, y yo apenas podía esperar a salir de esta reunión para llamarlos. ¿puede creerlo? Ahora realmente los amo con el amor de Dios y apenas puedo esperar para verlos".
Todo mundo desea ser amado. La mayoría de los psicólogos están de acuerdo en que la necesidad más fuerte del hombre es amar y ser amado. Ninguna barrera puede resistir la poderosa fuerza del amor.
Hay tres palabras griegas que se traducen como "amor": eros, que sugiere deseo sensual y la cual no aparece en el Nuevo Testamento; fileo, que es utilizada para describir la amistad o el amor de amigos y parientes, que sugiere el amar a alguien porque es digno de ese amor; y agape, que es el amor de Dios: el más puro, el amor más profundo, expresado no mediante meras emociones sino como un acto de la voluntad.
Agape es el amor sobrenatural e incondicional que Dios nos tiene, revelado de forma suprema en la muerte de nuestro Señor Jesucristo en la cruz por nuestros pecados. Es éste el amor sobrenatural que El quiere producir en usted, y a través de usted hacia otros, por medio de Su Espíritu Santo. El amor agape se fundamenta en el carácter de la persona que ama y no en cuán digno es el objeto de ese amor. Algunas veces es amar "a pesar de" en vez de "debido a".
Dios subraya la importancia de esta clase de amor, por medio de la pluma inspirada del apóstol Pablo en 1 Corintios 13. En este hermoso y singular pasaje de la Biblia, Pablo escribe que, sin amor, todo lo que usted pueda hacer para Dios o para los demás carece de valor. Considere estas palabras:
Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.
IY si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.
Y si repartiese todos mis bienes para dar de come
En otras palabras, nada de lo que usted haga por Dios o por los demás tiene valor a menos que esté motivado por el amor de Dios".